La porción

Un final, muchos significados

Tetzavé 5780

 Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

En la parashá de esta semana, Tetzavé, continuamos leyendo acerca de las preparaciones para la construcción del Mishkán, el Tabernáculo, el templo temporario del pueblo judío. La Torá entra en lujo de detalles al describir las ropas de los kohanim, los sacerdotes encargados del servicio en el Mishkán.

 

Una de estas prendas únicas que pertenecían al Kohén Gadol, el Sumo Sacerdote, se llamaba “Joshen HaMishpat”, y el Kohén Gadol lo vestía sobre su pecho. Doce piedras preciosas estaban incrustadas en él, y en ellas estaban inscriptos los nombres de las doce tribus de Israel:

“Lo llenarás con guarniciones de piedra, cuatro hileras de piedra: una de ódem, pitdá y baréket, una hilera; la segunda hilera: nófej, sapir y iahalom; la tercera hilera: leshem, shebó y ajlama; y la cuarta hilera: tarshish, shoham y yashfé… Las piedras serán de acuerdo con los nombres de los Hijos de Israel…”
(Shemot 28:17-21)

Hubiéramos esperado que las piedras que representaban a las diferentes tribus del pueblo fueran idénticas, para expresar que todos ambicionaban por igual el mismo objetivo. Sin embargo, el hecho de que las doce piedras fueran diferentes la una de la otra fue intencional, para que sirvieran como símbolo de que cada tribu tenía su propia personalidad y rol. Este principio, que aprendemos sobre el final de Bereshit cuando Yaacov bendijo a cada uno de sus hijos de manera distinta, es ahora expresado en el “Joshen HaMishpat”.

El Kohén Gadol debía vestir muchos símbolos que representaban de manera fiel a toda la nación, comprendida con sus propias corrientes y subgrupos.

¡Pero estas piedras preciosas no eran las únicas incrustadas en las ropas del Kohén Gadol, ni tampoco eran las únicas que tenían los nombres de las tribus engravadas en ellas! El Kohén Gadol cargaba con dos piedras adicionales sobre sus hombros, y en cada una de ellas estaba inscripto el nombre de seis tribus:

 

“Tomarás las dos piedras de shóam y grabarás en ellas los nombres de los Hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los nombres de los seis restantes en la segunda piedra… y cargará Aharón sus nombres delante de Hashem en sus dos hombros como recordatorio”.
(Shemot 28:9-12)

La diferencia entre las dos piedras en los hombros del Kohén Gadol y las doce piedras que llevaba sobre su pecho debe ser explicada. ¿Por qué en las piedras que llevaba en los hombros los nombres estaban juntos sobre dos piedras idénticas, mientras que en el pecho cada una de las tribus estaba de manera separada, en una piedra especial para cada una?

Las piedras sobre los hombros del Kohén Gadol representaban al pueblo sirviendo a Hashem. Cuando el Kohén representaba al pueblo frente a D-os, lo hacía como una unidad que apuntaba a expresar el propósito del Am Israel, un pueblo cargando con un rol de responsabilidad en la historia de la humanidad, y el Kohén Gadol servía en el Templo como el representante de todo el pueblo. Como tal, él representaba el aspecto unificador del pueblo aspirando a un objetivo común y elevado.

Las piedras sobre el corazón del Kohén también contenían este aspecto de “recordación” frente a D-os. Pero esta remembranza contenía una naturaleza complicada:

 

“... y portará Aharón el juicio de los Hijos de Israel sobre su corazón delante de Hashem, en forma permanente”.
(Shemot 28:30)

 

Es decir, el tema principal que estas piedras representaban era el “juicio de los Hijos de Israel”. Para que el Kohén Gadol pudiera representar el Templo frente al pueblo, no podía tratar a todos como una unidad. Debía reconocer el hecho de que el pueblo era diverso. Las diferentes piedras le recordaban constantemente que el pueblo estaba compuesto por tribus, por grupos y sub-grupos, cada uno teniendo sus características únicas y con modos variados de expresar y aspirar al bien común.

Entonces, la parashá nos enseña esto: un liderazgo adecuado reconoce las diferencias entre los distintos grupos al interior de su pueblo. Pero estos grupos pueden separarse el uno del otro. La alienación y el extrañamiento, sin mencionar el odio y la incitación, pueden dominar el discurso público. Esto no puede ocurrir si todo el pueblo, con toda su diversidad, se presenta delante de D-os como una unidad, en busca de un objetivo, expresado de distintas maneras.