La porción

Nóaj - 5780

La buena persona y la Inclinación del Mal

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

La parashá de esta semana, Nóaj, es la segunda de la Torá. Aquí pasamos de la historia universal de la creación al nacimiento histórico del pueblo judío. La primera parte cubre el relato del diluvio. La humanidad se había deteriorado al punto que la corrupción y la inmoralidad eran la norma, entonces el Creador del Universo decidió comenzar la historia nuevamente. Una inundación universal arrasó con el planeta y con todo rasgo de civilización. Sólo un hombre recto, Nóaj, sobrevivió junto a su familia y representantes del resto de las criaturas vivientes. Ellos se embarcaron en una nueva senda, que contenía una esperanza renovada.

Después del diluvio, D-os prometió que nunca más habría otro:

“Y el Eterno se dijo a Sí mismo, ‘No volveré a maldecir a la tierra por culpa del hombre, pues la inclinación del corazón del hombre es malvada desde su juventud, y nunca más abatiré a todas las criaturas tal y como lo hice’”.

(Bereshit 8:21)  

La razón detrás de la promesa de D-os es sorprendente, “pues la inclinación del corazón del hombre es malvada desde su juventud”. ¿La Inclinación del Mal del hombre, que lo acompaña desde su juventud, puede ser la causante de un perdón? Algunos comentaristas explican que esta no es una explicación, sino una aclaración: a pesar de que la Inclinación del Mal del hombre es malvada desde su juventud, nunca más habrá un castigo tan severo como el diluvio. Otros comentaristas sí vieron aquí una justificación: al ser que la Inclinación del Mal del hombre es malvada desde su juventud, uno debe tomar en cuenta su tendencia natural y por lo tanto no castigarlo de manera tan severa.

Sea como fuere, la imagen que surge de este versículo no es un halago para el hombre. Ya desde su juventud, según inferimos del versículo, él tiende a tomar malas decisiones y hacer malas acciones. Como judíos creyentes que consideramos a la Torá como las palabras de D-os al hombre, deberíamos preguntarnos honestamente: ¿es así como describiríamos a la raza humana?

Esta pregunta se torna incluso más complicada al recordar otro versículo de la parashá de esta semana: “... pues a imagen de D-os Él hizo al hombre”. No importa cómo decidamos interpretar el versículo, debemos admitir que ésta es una descripción muy positiva del ser humano. El hombre se asemeja a D-os y, en algún aspecto, es un recordatorio de Su eterna y perfecta bondad. Entonces, ¿cómo podemos hacer coincidir estas dos descripciones contradictorias? Por un lado, el hombre fue creado a imagen de D-os. Pero por el otro, las inclinaciones del hombre son malvadas desde su juventud. ¿El hombre es bueno o es malo?

Lo cierto es que, si examinamos el versículo de forma precisa, éste no dice que el hombre es malo, sino que tiene una inclinación malvada. El hombre tiene deseos, aspiraciones, esperanzas y planes. Intenta de manera incesante llevar estas ideas internas a la acción. La implementación de los deseos y las aspiraciones del hombre es el proceso creativo en el que está envuelto constantemente. Primero, el hombre imagina la situación ideal. Luego, observa la realidad e intenta cambiar o avanzar hacia aquella imagen ideal. Este es el proceso de creatividad fructífera que motiva a la humanidad hacia muchas acciones: algunas mejores y otras peores.

Cuando la Torá nos enseña que el hombre es creado a imagen de D-os, significa que el hombre es esencialmente bueno. Sus deseos provienen siempre de una visión de completitud y belleza. Pero existe una inclinación en el proceso creativo que tiende hacia el mal. Incluso cuando deseamos realizar una acción positiva tenemos el impulso de buscar la manera rápida y fácil para terminar con ella, una que no toma necesariamente todo en consideración, y por ello falla.

La inclinación del mal no es la esencia del hombre, pero siempre está allí. Si no asumimos y reconocemos ésto, caeremos en la trampa que ella querrá tendernos. Incluso cuando queremos llevar ideas buenas y positivas a la práctica, como aquellas que emanan de nuestro ser creado “a imagen de D-os”, debemos recordar que el proceso creativo hacia lo bueno es complicado, y que tenemos la tendencia de caer en la trampa del confort y la facilidad en lugar de invertir en la calidad que lleva a una vida feliz.