La porción

Vayelej 5780

Los fundamentos iniciales de la teshuvá - Parashat Vayelej

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos
Las últimas parashiot de Debarim, con las que se completa el quinto libro de la Torá, están enfocadas en la despedida de Moshé Rabenu del pueblo judío. Moshé, el primer líder de Am Israel, aquel que nos sacó de Egipto y nos lideró durante cuarenta años en el desierto, se despedía en la frontera Este de la tierra de Israel, y le pasaba el bastón de mando a su alumno Yoshúa ben Nun.

Esta despedida no era simple. Incluía bendiciones, mandamientos, advertencias y consejos. Entre otras cosas, Moshé escribió el Sefer Torá y se lo presentó a los kohanim, ordenándoles que colocaran las Escrituras dentro del “Santo Sanctorum” (Kodesh HaKodashim) en el Tabernáculo, y luego, cuando fuera construído, en el Gran Templo (Beit HaMikdash).

Los rollos de la Torá tenían un rol no muy conocido, pero no por eso poco importante. Leemos acerca de esto en la parashá Vayelej. Una vez cada siete años, en el fin del año de Shemitá, todo el pueblo se acercaba al Beit HaMikdash en la festividad de Sucot y participaba de la ceremonia conocida como “Hakhel”, cuyo punto central estaba en que el rey leía algunos fragmentos seleccionados de la Torá:

“Al final de los siete años… en la Festividad de Sucot, leerás esta Torá delante de todo el pueblo de Israel a sus oídos… para que escuchen y aprendan, y teman a Hashem, su D-os, y se cuiden de cumplir todas las palabras de esta Torá”.

(Debarim 31:10-12)

Esta era, en definitiva, una ceremonia de arrepentimiento masivo. Personas cuyas vidas hubieran transcurrido en distintos caminos, no necesariamente por opción, escuchaban la lectura de la Torá en boca del rey y redireccionaban su destino hacia una existencia moral y espiritual.

Rabí Shlomó Efraim Luntschitz, el autor del comentario Kli Yakar a la Torá (Europa del Este, 1540-1619), advirtió la duplicación en la fecha en la que la ceremonia de “Hakhel” era celebrada: en Sucot, al final del ciclo de Shemitá. Él aseguraba que el año de Shemitá era un trasfondo apropiado para el arrepentimiento.

En una sociedad agrícola, el año de Shemitá era una revolución social inconcebible. Durante ese año, no había ricos y pobres, terratenientes y no poseedores de tierra. Las cosechas quedaban sin dueños y cada hombre tenía permitido tomar de los campos según sus necesidades, pero no más que eso. Si era así, dice el autor del Kli Yakar, durante el año de Shemitá no había peleas, pues las peleas y las disputas suelen ser el resultado de las diferencias sociales y económicas. Durante el año de Shemitá “todos eran iguales, y en esto radica la paz”.

Además en Sucot, cuando todos los judíos salían de sus casas y se iban a vivir en la Sucá, una vivienda temporal durante siete días, y la Sucá iguala a todos los grupos sociales. Por eso se la llama “Sucat Shalom”. Las cuatro especies que tomamos en Sucot simbolizan la unidad entre las distintas partes del pueblo judío.

Para arrepentirse, para volver en teshuvá, resume el Kli Yakar, necesitamos una preparación, y la ceremonia de “Hakhel” nos enseña cuál es la preparación adecuada: la paz entre las personas.

No es coincidencia que Vayelej sea leída cada año en el Shabbat entre Rosh HaShaná y Yom Kipur, en el Shabbat conocido como “Shabbat Shuvá”, según las palabras del profeta Oseas “Retorna, oh Israel, al Eterno tu D-os”, que se lee en la Haftará.

Los días entre Rosh HaShaná y Yom Kipur son conocidos como los “Diez días del arrepentimiento” (Aseret Iemei Teshuvá), porque nos enfocamos en hacer teshuvá. Un nuevo año ha comenzado, y es un momento propicio para la introspección. No se trata de un tiempo de auto-flagelación, sino de la oportunidad de dar una visión realista a donde estamos parados en la vida; en qué verdaderamente estamos interesados, con qué alimento espiritual sustentamos a nuestra alma y si nuestras acciones de condicen realmente con los valores que sostenemos.

La ceremonia de Hakhel nos recuerda los fundamentos iniciales de la teshuvá: la mejora social, la benevolencia y la bondad, la preocupación por nuestros prójimos y la búsqueda de paz. Cuando dirigimos nuestros esfuerzos en hacer el bien tanto entre el hombre y su compañero como entre el hombre y D-os, ameritaremos, con la ayuda de D-os, tener un maravilloso año lleno de bendiciones.