La porción

Trabajo espiritual independiente

Tzav 5780

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

Este Shabbat, el anterior a Pesaj, es conocido como “Shabbat HaGadol”, El Gran Shabbat. Antes de que discutamos este nombre y la importancia de este Shabbat en nuestras vidas, recordemos nuevamente nuestra obligación durante estos días difíciles -en los que el mundo entero está sufriendo la expansión del coronavirus- de seguir las directivas de las autoridades de salud y seguridad. Si las autoridades prohíben reunirse en las sinagogas, debemos cumplir estas directivas.

 

Pikúaj nefesh”, la preservación de la vida humana, es anterior a cualquier otro mandamiento de la Torá. Por eso, todos debemos rezar en nuestras casas, y agregar un rezo especial para aquellos que están enfermos: “Que el Shabbat te amerite un respiro en tu sufrimiento y que pronto seas curado”. Del mismo modo, todos debemos leer la parashá en nuestra casa, aunque debamos hacerlo desde una Biblia impresa.

Entonces, regresemos a este Shabbat anterior a Pesaj, llamado Shabbat HaGadol. En el libro de halajá (ley judía) llamado Arba’a Turim, escrito por Rabí Yaacov ben Asher en el Siglo XIII, se explica la razón de este nombre: antes de que el pueblo judío dejara Egipto, se dio la orden de tomar una oveja y hacer el sacrificio de Pesaj para comerlo en la noche del 15 de Nisán. La oveja fue adquirida el 10 de Nisán que en ese año cayó Shabbat, y esto era una tarea riesgosa, pues la oveja era uno de los símbolos idólatras del pueblo egipcio. Los judíos tomaron la oveja y los egipcios no los dañaron. En memoria de éste milagro, este Shabbat es llamado Shabbat HaGadol.

Es interesante resaltar que los Sabios vieron en esta acción de tomar una oveja y designarla para el sacrificio un evento de profunda importancia. Moshé se dirigió al pueblo judío de la siguiente manera: “Traigan o compren para ustedes una oveja para sus familias, y hagan el sacrificio de Pesaj” (Shemot 12:21). En el Mejilta -el midrash de los Tanaítas sobre el libro Shemot- explican este pasaje del siguiente modo:

“Traigan sus manos de la idolatría y apeguense a los mandamientos”.

(Mejilta de Rabí Ishmael, Tratado de Pasja, 5)

Cuando Am Israel estaba en Egipto, se encontraba en un estado espiritual muy bajo. El pueblo estaba atraído por la cultura idólatra egipcia y participaba en la adoración a los ídolos que era costumbre en la época. Este evento que exigía a cada judío que tomara una oveja, que era un símbolo idólatra, y la separara para sacrificarla, obligó a los judíos a decidir: ¿A qué lugar pertenezco? ¿A la cultura egipcia o a la cultura judía? Al tomar una oveja como sacrificio, los judíos abandonaron la idolatría y eligieron la fe judía. Es posible que esta importante decisión haya sido también la razón por la cual se denominó “Shabbat HaGadol”.

Y aquí estamos hoy, tres mil años después, y todo el mundo se encuentra en una situación muy inusual: millones de personas han tenido que encerrarse en sus hogares y ser puestos en cuarentena por culpa del coronavirus. Cientos de miles han caído enfermos y, lamentablemente, muchos miles han muerto como resultado del Covid-19. Como judíos creyentes, no vemos estos eventos con fe ciega. Intentamos encontrar el significado en lo que ocurre, escuchar el llamado de D-os, que se dirige a nosotros a través de “sucesos naturales”.

Pareciera que la lección principal que la humanidad está aprendiendo en estos días es que no debemos contar con que el sistema se ocupe del individuo. Las personas comprenden que, si alguien no cuida de sí mismo, el resto no lo hará por él. Ya sea que vivamos en un país en donde el sistema de salud esté al borde del colapso o en un país mejor preparado -nadie puede saber con certeza que no se infectará con el virus, y nadie puede saber estar seguro de si el Estado se ocupará de él. Pareciera ser que el futuro cercano es uno en el que las personas tendrán que ocuparse de sí mismas y de su familia más cercana, confiando menos en el Estado y en los sistemas de seguridad y de salud.

Como judíos creyentes, esto contiene un especial mensaje para nosotros: solemos estar acostumbrados a apoyarnos en un sentimiento de seguridad que recibimos de nuestra comunidad, de nuestra sinagoga, de nuestras instituciones sociales o religiosas. A veces, esta falsa sensación de seguridad nos lleva a no invertir en nuestra relación personal con D-os. El golpe que el mundo ha recibido nos está forzando a ser mucho más independientes, a cuidarnos de nosotros mismos, no sólo en lo relativo a la salud -aunque esto es obviamente crucial y necesario- pero también en lo relativo a nuestro bienestar espiritual. Se nos ha dicho que recemos sin nuestras sinagogas, que estudiemos Torá sin nuestras clases programadas, que invirtamos en nuestras familias, en nuestros matrimonios y en la educación de nuestros hijos. Este es el momento de pensar realmente cómo queremos que nuestros hijos sean educados, y examinar si estamos siendo consistentes y prácticos al intentar alcanzar nuestros objetivos. Porque si nosotros no nos ocupamos de nosotros mismos, ¿quién lo hará?

Esperamos y rezamos, junto con el resto de la Humanidad, para que el Santo Bendito Sea diga “¡Basta!” a nuestras dificultades, y ameritemos una redención rápida y completa, Amén.