La porción

Sucot 5780

Una festividad de alegría y seguridad - Sucot

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

Sucot es una festividad única, en donde salimos a la intemperie y pasamos siete días en una choza, fuera de nuestro hogar. Incluso antes de comenzar la comida festiva en la sucá, recitamos la siguiente bendición:

“Bendito eres Tú, Hashem, nuestro D-os, Rey del Universo, que nos santificaste con Tus mitzvot y nos ordenó residir en la sucá”.

Una mitzvá adicional en Sucot es la de tomar las Cuatro Especies (Etrog, Lulav, Hadas y Aravá) y sostenerlas juntas en cada uno de los días de la festividad durante el rezo. Además de éstas, en Sucot hay una sorprendente mitzvá:

“Harás para tí la festividad de Sucot… y te regocijarás en tu festividad. Tú, tus hijos y tu hijas, tu siervo y tu sierva, el leví, el extranjero, el huérfano y la viuda de tus ciudades… y sólo estarás feliz”. 

(Debarim 16:13-15)

Estar feliz y alegre es una mitzvá que la Torá específicamente exige durante los días de Sucot. Cuanto el Beit HaMikdash estaba todavía en pie, esta mitzvá debía ser cumplida en Jerusalén:

“Celebrarás siete días para Hashem, tu D-os, en el lugar en donde Él escoja”

(Debarim 16:15)

Las celebraciones de Simjat Beit HaSho’evá tenían lugar en el Beit HaMikdash en cada una de las noches de Sucot. Este era un lugar generalmente silencioso y de acceso restringido, pero durante esos días, los más grandes sabios y sacerdotes bailaban y celebraban con música para aumentar la alegría.

Al respecto, han dicho nuestros sabios:

“Aquel que no haya visto la alegría de Simjat Beit HaSho’evá, no vio nunca una verdadera alegría en su vida”.

(Tratado de Sucá, Capítulo 5, Mishná 1)

Ahora que el Beit HaMikdash no está en pie, cumplimos con esta mitzvá de distintas maneras: nos sentamos en sucot decoradas, nos juntamos con amigos y familiares, generalmente bebemos un “lejayim” con ellos, y en muchas comunidades se realizan las celebraciones llamadas “Hakafot Sheniot” para recordar los bailes y los cantos de la Simjat Beit HaSho’eva original.

Nuestra alegría en Sucot es la expresión de nuestra confianza en la bondad Divina que Hashem deja caer sobre nosotros. Simbólicamente, abandonamos nuestros hogares permanentes, en donde estamos seguros y protegidos, y nos mudamos a la sucá, un refugio temporal, cuyo techo, hecho de ramas y hojas, no es suficiente para protegernos del frío y la lluvia. Creamos una situación artificial, pero que expresa verdaderos sentimientos internos de confianza en el Creador del Universo.

El rezo del Halel que pronunciamos después de shajarit cada mañana durante la festividad de Sucot incluye el siguiente versículo:

“¿Quién es como Hashem, nuestro D-os, que reside en las Alturas, y que baja (sus ojos) para mirar en los cielos y en la tierra?”.

(Tehilim 113:5-6)

El D-os exaltado, trascendental, según la definición del Rambam (Maimónides) -”que no puede ser percibido por ningún ser humano”-, ¿Qué es lo que hace? ¿Qué es lo que Le interesa? ¿Qué es importante para Él?

“El levanta al pobre desde el polvo, de los deshechos eleva al necesitado”.

(Tehilim 113:7)

El siguiente versículo es uno de los puntos altos del rezo del Halel:

“La piedra que los constructores rechazaron, se volvió una piedra angular”.

(Tehilim 118:22)

El autor utiliza una metáfora del mundo de la construcción. Cuando los constructores examinan las piedras para una futura construcción, ellos toman las piedras más hermosas, de mejor corte, y las otras son puestas a un costado para algún otro uso. Pero hay algunas piedras que son tan imperfectas que los constructores mismos las descartan. Y entonces, sorprendentemente, vemos que esa piedra no era imperfecta en lo absoluto. Por el contrario, es expuesta como piedra angular del edificio, la posición más importante. El constructor puede no haber discernido su belleza y haberla descartado, pero alguien reconoció esa belleza especial y la rescató.

Esta piedra es, obviamente, comparada con Am Israel. Durante muchos años el pueblo judío fue como una piedra descartada, que nadie quería. Fuimos perseguidos, humillados, difamados. Fuimos acusados de diseminar plagas y de cometer crímenes sangrientos. ¿Acaso existía alguna posibilidad de supervivencia para este pueblo? ¿Acaso alguien, a lo largo de la historia, creía que algún día este pueblo renacería y cumpliría su propósito de ser un símbolo de inteligencia y moralidad? ¿Cómo podemos sentirnos seguros hoy de la existencia de esta promesa Divina, de que esa piedra descartada se convertirá en una ‘piedra angular’?

El versículo continúa y ofrece una respuesta:

“¡De Hashem vino esto! Es maravilloso en nuestros ojos”.

(Tehilim 118:23)

No hay lugar para una palmada en la espalda. El pueblo judío ha sobrevivido e incluso florecido sólo gracias a la supervisión Divina que les dio un rol espiritual. En Sucot una vez más declaramos, con palabras y acciones, que nuestro fundamento básico como nación, como comunidades y como individuos, es lo que dijimos hace unos pocos días:

“Porque confiamos en Tu gran misericordia, y nos recostamos en Tu rectitud”.

El Zohar HaKadosh llama a la sucá como “tzila de mehimanuta”, la sombra de la fe. Cuando entramos en la sucá estamos adquiriendo de manera eterna fe y seguridad en Hashem, que pueden elevar al hombre a estados mentales de serenidad y felicidad, y esta es la fuente fundamental de la alegría en Sucot.