La porción

Bereshit 5780

La verdad arrojada en la tierra - Parashat Bereshit

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

El primer Shabbat después de Sucot comenzamos nuevamente con el ciclo anual de lectura de la Torá. Cada Shabbat nos congregamos en la sinagoga para rezar y leer la parashá semanal, una sección de los Cinco Libros de la Torá. La primera, que leemos este Shabbat, es Bereshit. Como su nombre lo indica, trata acerca del “inicio”, la creación del mundo y el comienzo de la humanidad.

El principio del principio está descrito de la siguiente manera en la Torá:

“En el principio de la creación de D-os de los cielos y la tierra…”

(Bereshit 1:1)

Fueron siete días de “principio”, durante los cuales todo fue creado. Cada etapa de creación culminaba con la frase:

“Y D-os vio que era bueno”

(Bereshit 1)

El hombre fue creado en el sexto día:

“Y D-os dijo ‘Creemos un hombre a nuestra imagen y semejanza…’ Y D-os creó al hombre según Su imagen; con la imagen de D-os El lo creó; masculino y femenino El los creó”.

(Bereshit 1:26-27)

Las palabras “Creemos un hombre a nuestra imagen y semejanza” están escritas en plural. ¿A quién le estaba hablando Hashem cuando decidió crear al hombre? El Midrash menciona que la persona que escribió la Torá, es decir Moshé Rabenu, se sorprendió al ver esto:

“Cuando Moshé estaba ocupado escribiendo la Torá, tuvo que narrar el trabajo de cada uno de los días. Al llegar al versículo ‘Y D-os dijo ‘Creemos un hombre…’’, dijo: ¡Amo del Universo! ¿Por qué Le das argumentos a los herejes?”.

(Bereshit Rabba 8:8)

Muchas respuestas han sido dadas a esta pregunta, siendo la más sorprendente  citada por los sabios del Midrash:

Cuando llegó el momento de que el Santo Bendito Sea creara el primer humano, los ángeles ministeriales se agruparon en distintos consejos. Algunos de ellos decían ‘¡No crees a los humanos!’, mientras otros clamaban ‘¡Créalos!’. La Bondad dijo ‘Créalos, pues ellos harán actos de bondad’. La Verdad dijo ‘No los crees, pues ellos mienten’; la Justicia dijo ‘Créalos, pues harán actos justos’. La Paz dijo ‘No los crees, pues están llenos de disputas’. ¿Qué hizo el Santo Bendito Sea? Tomó a la Verdad y la arrojó a la tierra. Los ángeles ministeriales dijeron delante de Hashem, ‘¡Señor de los Cielos! ¿Por qué desprecias a Tus servidores?. Dijo Hashem: Ahora la Verdad debe levantarse desde la Tierra”.

(Bereshit Rabba 8:8)

Este maravilloso Midrash describe la consulta de Hashem a los ángeles, respecto de si Él debía crear al hombre o no. Nuestros sabios mencionan el Midrash como un ejemplo de la complejidad del ser humano: por un lado, el hombre es recto y bondadoso, pero por el otro, está lleno de mentiras y peleas. La humanidad ha tenido éxito al alcanzar las más asombrosas cimas de moralidad y bondad, pero también ha tocado fondo en cuanto a comportamientos despreciables. Esta es la misma humanidad, que presenta facetas tanto  hermosas como reprochables. ¿La creación del hombre fue una decisión acertada? ¿El libre albedrío entregado al ser humano para elegir entre el bien y el mal no fue algo demasiado arriesgado?

¿Cómo se enfrentó Hashem a ese dilema? Arrojó a la Verdad a la tierra y cuando los ángeles se quejaron por la humillación que ésta debería afrontar, D-os los calmó diciéndoles: ‘no se preocupen, la Verdad se erigirá desde la tierra’.

Uno de los grandes líderes kabalísticos del pueblo de Israel, el Arizal (Rabí Itzjak Luria, 1534-1572) explicó que el arrojar la Verdad y su elevación desde la Tierra como que la pura Verdad es, de hecho, contradictoria con la naturaleza humana. Pero cuando es arrojada al piso, se divide en pequeñas fracciones que se dispersan por el mundo. Estos son “destellos” de Verdad, incrustados en cada uno de los seres humanos. El rol del hombre es recolectar estos destellos de Verdad y conectar con ellos, hasta que toda la Verdad se eleve desde la tierra.

Esta aproximación es cuidadosa. No glorifica al hombre, algo que podría llevar a la injusticia moral e incluso a la creación de una aproximación anti-moral. Pero tampoco lo humilla ni lo considera el epítome de la mentira o alguien que no merece ser apreciado. Lo cierto es que el hombre es una criatura compleja. Tiene una tendencia a mentir, pero también tiene el “destello” de la Verdad, que nunca se acabará. Ningún hombre puede ser anulado; la voz de cada uno y uno amerita ser escuchada. La Verdad fue arrojada a la tierra y espera a ser recolectada con el respeto que se merece, de las voces de los seres humanos, de las preguntas de los niños, y de las respuestas de los padres. Está allí afuera, y debemos acercamos a las personas que la contienen con el mayor de los respetos.

Con el mayor de los respetos, sí, pero también con el mayor de los cuidados… pues no hay una persona que represente la última y absoluta verdad. Siempre habrá otra persona, sin importar su estatus, pasado o profesión, que contenga en sí otro “destello” de Verdad, ligeramente distinto a aquel que conocemos. Modestia: esta es la primera cualidad que debemos adquirir. Incluso antes de que el hombre fuera creado, esto estaba claro: sin modestia, la Verdad quedará arrojada en la tierra, rechazada y abandonada. Sólo si aprendemos a bajar la mirada y buscarla, entonces encontraremos más y más destellos de Verdad, en nuestro corazón y en el corazón de nuestros prójimos.