La porción

Convirtiendo un mal olor en un aroma exquisito

Ki Tisá - 5780
Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos
Al principio de la parashá de esta semana, Ki Tisá, leemos una serie de directivas dadas a Moshé Rabenu para la construcción del Mishkán, el Tabernáculo, aquel templo temporario que acompañó al pueblo judío hasta la construcción definitiva del Beit HaMikdash en Jerusalén.

 

Una de las directivas se refería a la composición del incienso, una mezcla de hierbas y bálsamos colocados sobre brasas dentro del Mishkán, que expulsaba un aroma agradable.

“Y el Eterno dijo a Moshé: ‘toma para tí hierbas aromáticas, savia de bálsamo, shjelet y gálbano, especias e incienso puro; serán todos de igual peso. Y harás con ellos un incienso… y separarás una parte de él y lo colocarás delante de la Tienda de la Cita… y será para tí de la más alta santidad…”

(Shemot 30:34-36)

Uno de los ingredientes en el incienso era el gálbano. Sorprendentemente, el Talmud de Babilonia dice que este ingrediente tiene muy mal olor. Lo peculiar de este detalle es referido en una historia no menos sorprendente:

“Rav Hana bar Bizna dijo que Rabí Shimón Hasida dijo: cualquier ayuno que no incluya la participación de alguno de los pecadores del pueblo judío no se considera un ayuno, del mismo modo en que el olor del gálbano es desagradable y de todas maneras está en la lista de ingredientes para el incienso”.

(Talmud de Babilonia, Tratado de Kritut, página 6)

Aquel ingrediente maloliente, al ser mezclado con el resto de los componentes del incienso, volvía su aroma en placentero. Nuestros Sabios aprendieron de aquí algo acerca de la complejidad de la sociedad humana, y de qué modo ésta debe ser conducida.

Muchos de los actos negativos que ocurren en nuestro mundo emanan de la soledad, de la desconexión, de la distancia emocional entre el sujeto y su entorno. Podría existir una cualidad que en cierta situación podría generar bendiciones al mundo, pero si la persona está desconectada de la sociedad y actúa en soledad, esa misma cualidad puede convertirse en un obstáculo y derivar en un comportamiento negativo.

Cuando un hombre se para delante de D-os, es un acto individual, ya que cada uno de nosotros es una entidad por sí misma. Pero también existe un aspecto compartido en una sociedad compuesta por muchos tipos de personas, algunas buenas, y otras menos buenas. Cuando ellos se unen y se paran delante de D-os, crean una realidad conjunta que no existe cuando cada uno de ellos se planta de manera separada. El todo es más que la suma de las partes.

Así es como el Ran (Rabí Nissim de Gerona, Barcelona, Siglo XIV) explica en su libro “Derashot HaRan”:

El mensaje en el gálbano que era colocado en el incienso y que aparentaba arruinarlo por su mal olor, y con el hecho de que la profecía establece que el incienso no se considera completo sin él, del mismo modo ocurre cuando nos juntamos para adorar a D-os y nos unimos con los pecadores y los criminales: nuestro servicio a D-os no está arruinado, sino que, por el contrario, se vuelve más completo.

(Derashot HaRan)

Una sociedad sana es aquella que también contiene a sus partes menos placenteras y logra arreglarlas al ofrecerles una integración adecuada. De acuerdo con el Ran, la sociedad en su conjunto se beneficia de esto.

El incienso, expulsando un aroma placentero en el Mishkán, representa al pueblo judío en su totalidad, con toda su variedad de capas y estilos. Incluso los “pecadores”, cuando están involucrados e integrados en la sociedad, emanan un aroma placentero que rinde honores a D-os en el Mishkán.