La porción

Claridad y lucidez de un líder espiritual

Parashat Sheminí  5780

Rabino Shmuel Rabinovich - Rabino del Kotel HaMaaraví y Los Lugares Santos

Lamentablemente, no escucharemos la parashá de esta semana, Sheminí, en nuestras sinagogas. Toda la humanidad comparte un sentido común de ansiedad y preocupación mientras seguimos las noticias de las víctimas de la pandemia. Es un momento desafiante para todos nosotros. Durante Pesaj, que acabamos de celebrar, intentamos estar alegres y experimentar los valores eternos que esta festividad nos enseña, y ahora volvemos a los días de semana y a los rezos por un regreso a la rutina. Compartimos la profunda pena con aquellos que han perdido a sus seres queridos; deseamos una rápida y fácil recuperación para aquellos que han caído enfermos; y esperamos y rezamos desde lo profundo de nuestro corazón por paz, serenidad y una redención completa.

 

En la parashá de esta semana leemos acerca de una tragedia que ocurrió en uno de los momentos fundacionales de la historia judía. Esta tragedia ocurrió el día que el Mishkán, el Tabernáculo (el templo temporal que acompañó a los Hijos de Israel durante sus travesías en el desierto), fue establecido, luego de que Aharón ofreciera los sacrificios especiales del día, y bendijera al pueblo. Dos de sus hijos pecaron. Ellos ingresaron al Kodesh HaKodashim (Santo Sanctorium), algo que estaba prohibido, y encendieron el ketoret (incienso). La respuesta fue severa: los dos hijos de Aharón murieron inmediatamente. La alegría del pueblo se convirtió de manera abrupta en un profundo dolor.
Inmediatamente después de la descripción de la trágica muerte de los hijos de Aharón, leemos el siguiente mandamiento:
“Y el Eterno habló a Aharón diciendo, ‘No bebas el vino que llevará a la intoxicación, no lo hagas tú ni tus hijos contigo, cuando ingreses a la Tienda de la Cita, para que no mueras… para distinguir entre lo santo y lo profano, entre lo puro y lo impuro, y para instruir a los Hijos de Israel en lo respectivo a todos los estatutos…’.”
(Vaikrá 10:8-11)
La conexión entre la tragedia y el mandamiento es claro. Los hijos de Aharón no habían hecho la distinción suficiente entre lo santo y lo profano. Ellos ingresaron a un lugar santo e hicieron lo que se les dio la gana. A pesar de que objetivamente sus actos tenían una buena intención, sus acciones profanaron lo santo. Los kohanim tienen un rol significativo y deben poder distinguir entre lo santo y lo profano, entre lo puro y lo impuro.
En la antigua estructura social del pueblo judío los kohanim tenían dos tareas. La primera era muy conocida: servir en el Gran Templo y ofrecer sacrificios por el pueblo. La segunda tarea era menos conocida, y está mencionada en los versículos citados anteriormente: “instruir a los Hijos de Israel en lo respectivo a los estatutos que El Eterno ha hablado a través de Moshé”.
Al final del libro de Debarim, en las palabras de despedida de Moshé de las tribus de Israel, él describe dos roles: “Ellos deberán enseñar Tus mandamientos a Yaacov, y Tu Torá a Israel; ellos colocarán el incienso delante de Tí, y quemarán ofrendas en Tu Altar”.
Claridad, lucidez de pensamiento y decisión, son necesarias para poder distinguir entre lo sagrado y lo profano. También son necesarias al aprender cualquier cosa, por seguro al estudiar las leyes de la Torá. A veces es necesario controlar nuestras emociones para poder examinar una situación y determinar de qué modo hay que actuar. Pero en otras ocasiones lo opuesto es lo correcto, y es apropiado sopesar las implicancias emocionales en la toma de decisiones. Tomar una decisión halájica (según la ley judía) es una profesión que requiere no sólo herramientas sino, y quizá por sobre todas las cosas, claridad y lucidez de pensamiento.
Los kohanim eran lo que hoy llamaríamos “líderes espirituales”. Y esto es cierto no sólo para los kohanim. Todos somos los líderes espirituales, de nuestros hijos y muchas veces de otras personas. Actuamos como modelos a seguir. Esto es una responsabilidad, especialmente en estos días, cuando las familias están refugiadas juntas en casa. Todos estamos intentando pasar este tiempo en paz, con salud y serenidad. Este período también puede ser una época positiva. Este es un buen momento para crear y reforzar las relaciones profundas en la familia, en la pareja, entre padres e hijos. Puede ser un tiempo para estudiar y hablar con nuestros hijos. Para esto, debemos saber mantener la compostura. Nuestra primera obligación ahora, más allá de ser cuidadosos y mantener los lineamientos ordenados por las autoridades, es ser líderes, tomar responsabilidad y liderar a nuestras familias en estos tiempos de crisis. Todos sentimos que nuestro barco está tambaleándose. Depende de nosotros el poder navegar con cuidado hasta que, con la ayuda de D-os, alcancemos sanos y salvos la orilla.